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domingo, 4 de octubre de 2015

PARIS EN EL CORAZÓN





PARÍS EN EL CORAZÓN


París con su mirada llorosa
se deja pasear lentamente de día,
y acariciar cada rincón
con mano de amante.


De noche se viste de rosa,
canta,
te embruja
y te invita a bailar bajo sus tejados grises
esbozando una cómplice sonrisa.


Las ciudades también tienen espíritu y color…
  


© Nuria Velasco


viernes, 2 de octubre de 2015

PRENDAS COMUNITARIAS


PRENDAS COMUNITARIAS





Soy la segunda de cuatro hermanos y en mi casa cada uno teníamos nuestras cosas. Cuando digo nuestras, quiero decir en propiedad, objetos, ropa, juguetes que nos prestábamos, pero sabíamos a quien pertenecían.

Solamente había cuatro prendas comunitarias que rodaban entre nosotros de forma aleatoria, siguiendo los designios del destino.

Cuatro verdugos,…Dos blancos, uno marrón y uno azul.

De los cuatro, el marrón era odiado por todos nosotros, causaba un picor insoportable, tan intenso, que estoy segura que estaba tejido con la lana de una puta oveja resentida con el mundo, que se había alimentado de ortigas, para que su lana resultase lo más irritante posible y así vengarse de los humanos….

Ella consiguió su propósito y nos amargó los inviernos de nuestra infancia.

Durante algunos años, cada mañana, cuando ya estábamos listos para ir al colegio, enfundados en uniformes, abrigos, bufandas, guantes y los zapatos Gorila, comenzaba el ritual.

Mi madre abría la puerta y se colocaba junto al perchero que había colgado en la entrada y al azar cogía un verdugo.
Si no era el marrón, todos nos acercábamos a ella poniendo nuestras cabecitas esperanzados porque ese día Dios se apiadara de nosotros. Ella se lo colocaba al primero que pillaba y este salía victorioso hasta la puerta del ascensor.

Así, hasta que su mano alcanzaba el odiado y picajoso verdugo marrón.

Entonces, los que quedábamos, reculábamos y permanecíamos inmóviles, mientras ella, chascaba la lengua, meneaba la cabeza y decía:

-Vamos, venga, que llegamos tarde!

Silencio total, ningún movimiento dentro de la casa, solo las cabezas de los que ya estaban en el rellano de la escalera aparecían a su espalda con los ojos solidarios del que se sabe a salvo.

Pasados unos segundos, en los que rezábamos para hacernos invisibles, el brazo de mi madre se alargaba hasta la primera solapa que pillaba y tirando del abrigo, ponía a la presa delante de ella y le encasquetaba el verdugo de ortigas.  

Joooooooooooo mamaaaa (con acento en la primera a), ese noooo, 
que pica! – Da igual a quien le tocara, todos decíamos lo mismo.

Tú si que picas, venga, danzando que llegamos tarde -  Da igual a quien le contestara mi madre, a todos nos decía lo mismo. La sentencia estaba dictada y no había escapatoria.

Rápidamente colocaba los restantes verdugos y salíamos a la calle.

Y así enfilábamos la Calle Nicolas Salmerón cada día, tres sonrientes y saltarines Velasco abrían el desfile, detrás mi madre y cerrando la comitiva el “condenao”, que arrastraba la cartera con una mano y con la otra iba rascándose el cuello y las orejas hasta el colegio.

No me hables de verdugos...




© Nuria Velasco

lunes, 28 de septiembre de 2015

LA SEMILLA


LA SEMILLA


Sembraste en mí, desconfianza
 la regaste tanto
creció tan rápido
y arraigó tan fuerte,
que hoy rompe el suelo que me sostiene.

Creí que lo que sembraste ayer
se iría contigo.
Nunca pensé que hoy
me haría tanto daño…



© Nuria Velasco

domingo, 20 de septiembre de 2015

EXPANSIÓN



EXPANSIÓN


Cuando la artista californiana Piage Bradley estaba a punto de terminar la escultura de una mujer meditando en posición de loto, está se cayó. Había estado trabajando en ella durante tres meses y en ese momento todo se vino abajo.

Pero no la dio por perdida, al contrario, le buscó otro destino, decidió dotarla de significado, exhibirla rota y mostrar que ante la destrucción, siempre existe una fuerza interna que permite la renovación.


Hizo todas las piezas en bronce y las ensambló, dejando que las partes flotaran y se vieran las grietas. Luego la llevó a un especialista en iluminación y le pidió  que construyera un sistema para hacerla brillar desde el interior.

Y así, Expansión, la figura rota, se convirtió en el símbolo de la lucha interna y nos muestra como las cenizas del pasado pueden convertirse en los cimientos del futuro.

Las versiones de la pieza original pueden verse en Londres, Reino Unido en Panther y Salón de Bellas Artes o en la Galería de Arte Clásico en Paln Desert, California, entre otros lugares.





En 2004 se fotografió el original con el horizonte de la ciudad de Nueva York.

Nuria Velasco

viernes, 18 de septiembre de 2015

LA DULZURA DE LAS MANZANAS PICADAS



LA DULZURA DE LAS MANZANAS PICADAS


Como cada mañana, bajo al mar
y me siento en mi roca,
la de pensar
y hoy me da por pensar en ti.

Intento ponerle nombre a esto nuestro
rebusco entre todas las palabras de mi vocabulario
y ninguna sirve. 
Así es que abandono la búsqueda,
da igual como se llame.

 Pienso entonces en lo que haces
cuando me notas triste
y te quitas la coraza de tipo duro
y me dejas trastear en tu cajita del tic-tac,
la que escondes celosamente en el pecho,
                        de donde salen esas cosas que me desarman,
como eso de la dulzura de las manzanas picadas…
Entonces siento
que ni Cortazar,
ni Buesa,
ni el propio Benedetti,
podrían decir algo con tanta poesía.

Luego,
sueltas una burrada de las tuyas
queriendo romper el hechizo,
pero no lo rompes,
al contrario
lo agrandas,
me haces reír…
y es que adoro esa dualidad tuya.

Me gusta como eres,
ese estar y no estar
ese ir y venir
sin día, sin hora…

Yo no sé como se llama esto,
ni falta que me hace
ni siquiera sé si tiene nombre.
Lo que si sé,
es que a estas alturas
ya no consigo imaginar mi vida sin ti…

  © Nuria Velasco

Montaje de video sobre el poema
Voz: Nuria Velasco.